viernes, 7 de octubre de 2016

DEL PODER AL DEBER



El Decano de la Escuela de Ciencias Sociales, profesor
Ramón Arturo Maya Gualdrón, instaló la sesión periodística.


APROXIMACIÓN

Nota del profesor y editor, Juan José García Posada

La insistencia en un periodismo sin ánimo de lucro se ajusta a los criterios éticos de responsabilidad social, independencia y respetabilidad. ¿Pero acaso es ilegítimo el lucro, es inaceptable la obtención de beneficios derivados de la realización del derecho a la información?

El ánimo de lucro tiene alcances y limitaciones éticas, jurídicas y de conveniencia razonable. No hay ninguna profesión en la cual esté vedada la remuneración justa que asegure el trabajo como forma estable de subsistencia. Sería un contrasentido establecer una suerte de gratuidad obligatoria para las diversas actividades profesionales, incluido el periodismo. Equivaldría a legitimar la explotación de los profesionales al condenarlos a vivir sin salario justo, a menos que el Estado asumiera la obligación de asignarles retribución económica por sus labores, en cuyo caso se establecería una dependencia total del régimen respectivo.

Otra opción, al prohibirse la recepción de dinero, consistiría en eliminar la remuneración como elemento constitutivo de una actividad profesional y forzar al periodismo a subordinarse a la condición de actividad marginal, recreativa o de voluntariado social, que sólo podría ser ejercida por individuos capaces de subsistir mediante otras profesiones u oficios, esos sí remunerativos.

El asunto nuclear de las propuestas sobre periodismo sin ánimo de lucro debe afrontarse mediante el reconocimiento de la ecuación entre servicio y beneficio: Un servicio primordial, como es el de hacer posible la realización de la libertad de prensa y el derecho fundamental a la información y la opinión, para que pueda realizarse en condiciones tales que permitan la permanencia, la estabilidad y la retribución salarial justa, tiene que implicar el beneficio razonable. Beneficio que debe guardar proporcionalidad con el servicio, valga decir con el tiempo de dedicación, la calidad del trabajo, el nivel de formación y otras consideraciones normales.

Y no debe tratarse sólo de resistir la tentación del ánimo de lucro que puede desvirtuar la naturaleza del periodismo hasta convertirlo, como ha sucedido en casos que saltan a la vista, en un pretexto para acumular riqueza, con detrimento de la independencia, la veracidad, la confiabilidad y, por supuesto, la respetabilidad de la profesión. Así como es cuestionable y rechazable el ánimo de lucro como apetito desmesurado de beneficios económicos, lo son también las tentaciones del poder y de la fama. Se trata de tres amenazas contra la integridad misma del periodismo, pues tienden a transformar al periodista en negociante, buscador de privilegios políticos y protagonista de la llamada industria del espectáculo como vedette o personaje alucinado por el éxito fugaz en audiencias frívolas e insustanciales.

El ánimo de lucro es, en la cultura actual, un factor de descaecimiento de las profesiones y de las corporaciones destinadas a salvaguardar derechos fundamentales. En el campo de la educación se mantiene el debate sobre la incorporación del ánimo de lucro a la normatividad legal de las universidades: Hace algunos años, tal amenaza fue conjurada en un proyecto de ley reformatorio de la educación superior en Colombia, ante el peligro, ya evidenciado en el escenario global, de la compraventa de universidades por empresas transnacionales y la consiguiente degradación de los fines esenciales de la educación.

Pero el ánimo de lucro sigue latente en el campo internacional y en nuestro país se ha manifestado en algunas instituciones universitarias transformadas en empresas familiares o de círculos de amigos que invertían o invierten los réditos económicos, las jugosas utilidades por matrículas y otros servicios, en la adquisición de tierras y ganados, por ejemplo.

Valga decir, el problema del ánimo de lucro está en la degradación del servicio. Un medio de comunicación gobernado por un conglomerado monopolístico formado por empresas de las más diversas modalidades se convierte en un pretexto para la publicidad, la propaganda, el mercadeo y las ventas de las compañías propias del monopolio. Así mismo, un medio periodístico en el cual los beneficios no se reinvierten en el mejoramiento del servicio sino que se acumulan en las arcas de los propietarios, acaba por ser también un medio de enriquecimiento, no una corporación que salvaguarde los propósitos, fines y métodos propios del periodismo ético.

¿Pero qué alternativas se plantean en la actualidad y de cara al futuro? La formación de cooperativas de periodistas, la creación de medios por colegas que viven de una pensión, la regulación de la publicidad y las ventas y la reinversión controlada en el mejoramiento del servicio, el cobro por suscripción a los lectores o usuarios, son algunas posibilidades que de hecho están aplicándose en el escenario profesional.

La discusión está abierta. Las nuevas tecnologías, las sorprendentes facilidades para la fundación de nuevos medios en plataformas que facilitan la convergencia y la multimedialidad, son oportunidades que a la vez constituyen desafíos a la inventiva de los periodistas.

En esta separata dedicada al periodismo sin ánimo de lucro (a partir del panel efectuado el viernes 30 de septiembre en la Facultad con la participación de periodistas invitados por el Premio Iberoamericano de Periodismo Gabriel García Márquez), planteamos una aproximación al tema, que seguiremos tratando en próximas ediciones, mediante la aportación de los estudiantes del curso de Periodismo de Opinión de la Facultad de Comunicación Social Periodismo de la Universidad Pontificia Bolivariana, en el segundo período de 2016.





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